Aerosmith, por knock – out.

16 de abril de 2007

Son de una época en la que convertirse en estrella de rocanrol era mucho más difícil que ahora. Y aquellos que conseguían entrar en el Olimpo, no se convertían en otra cosa que semi dioses. Aerosmith pertenece a ese selecto grupo de bandas, acaso contadas con los dedos de una mano, que reverdecen sus laureles a cada show, que sacan a relucir su título de campeón de todos los pesos.

Sólo el comienzo, aquél terremoto inicial con Love in an Elevator/ Toys in The Attic/ Dude Looks Like a Lady convirtió el campo en una marea descontrolada. Golpe de knock – out para una marea que había esperado 14 años para vibrar con Aerosmith otra vez.

Con pasos felinos, Tyler es el centro de las primeras miradas: corre, baila, canta, se tira al suelo, se levanta la remera y muestra su panza con la leyenda “Chupame”, así, en castellano. El único testigo del paso del tiempo son las cirugías en su rostro. El resto – su garganta, su actitud, su sex appeal – siguen casi intactos. Su contraparte, su eterno socio musical, Joe Perry, arranca un tanto más medido en su despliegue pero ya en el final dará rienda suelta a su vasto arsenal de guitar hero. Como un brujo eléctrico, hipnotizará a la masa desde el corazón mismo de sus múltiples guitarras.

El primer impulso rockero, encuentra un freno con tres baladas inevitables, dos de las cuales marcaron el pico de popularidad de la banda en los 90: Cryin´ y Crazy alargan el coro popular, mientras miles de brazos se hamacan en espontánea coreografía. Jaded completa el terceto. Tyler recorre todo el espacio, hace morisquetas a una cámara y le roba un beso a una morocha que mira el show desde el costado del escenario.

El rocanrol que Aerosmith supo mamar en sus primeros años, lo convirtió en disco hace no mucho tiempo cuando editaron Honkin´On Bobo. Tributo a los viejos maestros, que se hace presente en River con Baby Please Don´t Go y Stop Messin´Around, con el eléctrico Perry a las voces y Tyler en frenética armónica.

De las cientos de baladas que habitan el territorio del hard rock, acaso pocas conmuevan tanto como Dream On. Tyler, sólo en la punta de la pasarela, se hace náufrago en medio de un mar de pantallitas celestes que mendigan un recuerdo. Llega el estribillo, Tyler entrega todo, el público queda rendido a sus pies. Seguirán Janie´s Got a Gun, Livin´On The Edge, I Don´t Wanna Miss a Thing. La intensidad vuelve a crecer a medida que las baladas ceden lugar a los viejos clásicos rockeros. Sweet Emotion primero y Draw The Line después, traen por un rato a los toxic twins al presente. Un endemoniado Perry castiga su guitarra transparente con su camisa y se arroja sobre la batería de Joey Kramer después de dar una clase de guitarra slide.

Sólo queda tiempo para un bis. En el medio, un dibujo animado, una mención a Buenos Aires, una ovación más y Walk This Way como la frutilla final. Tyler presenta a la banda, ante un público que pide un más que no llegará. No importa. Aerosmith sacó al escenario del Quilmes Rock su título de campeón de todos los pesos. Que alguien me diga quién puede arrebatárselo.

Por Santiago ´Gallo´ Bluguermann, de la Rock & Pop.

Aqui van algunos momentos del show:




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