Cierta noche, George Bernard Shaw, el eximio escritor irlandés, participaba de una cena mundana. Reconocidamente feo, su ingenio compensaba ampliamente tal defecto. Shaw estaba sentado al lado de una mujer bonita que se destacaba por su lamentable nivel de conversación. Entre plato y plato, ella le propuso: “Deberíamos concebir un niño juntos. Tendría mi belleza y su inteligencia”. “¡Oh! Nada de eso”, objetó Shaw de inmediato: “Me aterrorizaría que fuera a la inversa”. Esta breve anécdota, que Godin narra en su libro "El racismo del gen", puede llevarnos a pensar en cómo alguien llega a ser empresario. Algunos sugieren que no hay técnicas que se puedan aprender y que el espíritu “entrepreneur” se trae desde la cuna. Otros afirman que, en nuestro mundo ultra-especializado, el camino debe incluir una escala ineludible en una escuela de negocios. ¿Acaso existe una mezcla ganadora de genialidad emprendedora y técnica?, ¿Puede ésta aprenderse?, en suma ¿El empresario nace o se hace?
Antes que nada, una distinción: No es lo mismo ser empresario que manager o gerente. Los primeros, aunque también ejecutan funciones gerenciales, presentan algunas características que varios autores generalizan sobre su perfil:
Son visionarios, ellos vieron algo que los demás no, o hicieron algo de manera diferente. Tienen espíritu inconformista y les tienta el riesgo. Es el caso de aquellos que dejan un cómodo sillón de ejecutivo en una organización "plagada de seguridades" para lanzarse a la incertidumbre, e iniciar un camino lleno de dudas y con casi todo por descubrir. Es quien asume esa obra monumental que supone el nacimiento de una empresa.
Miles de estudiantes de MBA en el mundo gastan mucho dinero soñando convertirse en empresarios o ejecutivos o simplemente soñando. Pero... ¿Qué es lo que estudiarán? Si bien existen diferencias entre distintas universidades, a rasgos generales, todas pretenden transmitir a sus alumnos los conceptos, las prácticas y las técnicas fundamentales del mundo de los negocios. Desde el análisis y planificación financiera, hasta las teorías de formulación e implementación estratégica, el diseño de estructuras de gobierno corporativo, teorías sobre operaciones, elementos de marketing, teorías sobre recursos humanos y más, mucho más. También intentan acostumbrar a los estudiantes a trabajar duro. Exámenes, trabajos prácticos y presentaciones no sólo apuntan a fijar los conocimientos teóricos-prácticos sino también a formarles un carácter dinámico, esforzado y participativo. Desde ya que existen diferencias entre las ofertas de las distintas escuelas de negocios, y podríamos hacer incluso profundas distinciones de formas y de contenido, sin embargo las mismas no son relevantes para nuestra cuestión. La pregunta que surge naturalmente es:
¿pueden alguna escuela enseñar un curso de "Adquisición del Espíritu Inconformista", o "El ABC del hombre visionario", o "Como ser Propenso al Riesgo en 30 horas"?
Pareciera que no. Quizás por el contrario, esas características están inscriptas en los genes.
El libro Inside the business of business schools, de Crainer, Stuart y Des Dearlove, nos presenta un dato revelador: Entre los cien principales emprendedores británicos, elegidos a partir de la creación de puestos de trabajo, y del aumento de ventas en un período de cinco años, así como por su fortuna personal, solo tres de ellos tenían un MBA, dos pertenecían a la misma empresa.
Entonces, si los empresarios se manifiestan como tales desde la más tierna infancia, ¿De qué sirven las escuelas de negocios?
El inventor Thomas Alva Edison dijo: “El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”. Y, es cierto, ese uno por ciento que distingue al empresario del resto no puede aprenderse en las escuelas de negocios. Sin embargo, éstas aportan buena parte del noventa y nueve por ciento restante. No todo puede enseñarse. El riesgo ya fue advertido por George Bernard Shaw, para desilusión de su bella acompañante. Entre saber cómo es un empresario y serlo uno mismo hay un camino sinuoso, difícil de transitar y, sobre todo, de resultado muy incierto. Tan incierto como lograr la combinación ideal entre belleza e inteligencia.
Antes que nada, una distinción: No es lo mismo ser empresario que manager o gerente. Los primeros, aunque también ejecutan funciones gerenciales, presentan algunas características que varios autores generalizan sobre su perfil:
Son visionarios, ellos vieron algo que los demás no, o hicieron algo de manera diferente. Tienen espíritu inconformista y les tienta el riesgo. Es el caso de aquellos que dejan un cómodo sillón de ejecutivo en una organización "plagada de seguridades" para lanzarse a la incertidumbre, e iniciar un camino lleno de dudas y con casi todo por descubrir. Es quien asume esa obra monumental que supone el nacimiento de una empresa.
Miles de estudiantes de MBA en el mundo gastan mucho dinero soñando convertirse en empresarios o ejecutivos o simplemente soñando. Pero... ¿Qué es lo que estudiarán? Si bien existen diferencias entre distintas universidades, a rasgos generales, todas pretenden transmitir a sus alumnos los conceptos, las prácticas y las técnicas fundamentales del mundo de los negocios. Desde el análisis y planificación financiera, hasta las teorías de formulación e implementación estratégica, el diseño de estructuras de gobierno corporativo, teorías sobre operaciones, elementos de marketing, teorías sobre recursos humanos y más, mucho más. También intentan acostumbrar a los estudiantes a trabajar duro. Exámenes, trabajos prácticos y presentaciones no sólo apuntan a fijar los conocimientos teóricos-prácticos sino también a formarles un carácter dinámico, esforzado y participativo. Desde ya que existen diferencias entre las ofertas de las distintas escuelas de negocios, y podríamos hacer incluso profundas distinciones de formas y de contenido, sin embargo las mismas no son relevantes para nuestra cuestión. La pregunta que surge naturalmente es:
¿pueden alguna escuela enseñar un curso de "Adquisición del Espíritu Inconformista", o "El ABC del hombre visionario", o "Como ser Propenso al Riesgo en 30 horas"?
Pareciera que no. Quizás por el contrario, esas características están inscriptas en los genes.
El libro Inside the business of business schools, de Crainer, Stuart y Des Dearlove, nos presenta un dato revelador: Entre los cien principales emprendedores británicos, elegidos a partir de la creación de puestos de trabajo, y del aumento de ventas en un período de cinco años, así como por su fortuna personal, solo tres de ellos tenían un MBA, dos pertenecían a la misma empresa.
Entonces, si los empresarios se manifiestan como tales desde la más tierna infancia, ¿De qué sirven las escuelas de negocios?
El inventor Thomas Alva Edison dijo: “El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”. Y, es cierto, ese uno por ciento que distingue al empresario del resto no puede aprenderse en las escuelas de negocios. Sin embargo, éstas aportan buena parte del noventa y nueve por ciento restante. No todo puede enseñarse. El riesgo ya fue advertido por George Bernard Shaw, para desilusión de su bella acompañante. Entre saber cómo es un empresario y serlo uno mismo hay un camino sinuoso, difícil de transitar y, sobre todo, de resultado muy incierto. Tan incierto como lograr la combinación ideal entre belleza e inteligencia.

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